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Cuando la maternidad llega demasiado temprano

A sus 14 años, Sheila* se mira al espejo y no le gusta la imagen que este le devuelve. Su cuerpo ha cambiado mucho en poco tiempo. Unas cuantas libras de más, el abdomen bien pronunciado, y ciertas «grietas» que le han comenzado a surcar los senos y las caderas le recuerdan que ya no es solo una adolescente. Sheila* también será mamá.

A pesar de no ser un tema nuevo, el fenómeno del embarazo en la adolescencia sigue siendo un desafío a nivel global. Las cifras al respecto son reveladoras. Por ejemplo, cada año alrededor de 16 millones de adolescentes entre diez y 19 años dan a luz, mientras que un promedio de tres millones se somete a abortos.

En Cuba –aunque esos indicadores están muy por debajo de los que muestran otros países de América Latina y regiones del orbe– el índice de gestantes en edades tempranas no deja de ser preocupante. Estadísticas recientes señalan que el 15,5 % de los nacimientos en la Isla en 2020 fueron de madres menores de 20 años, y que la tasa de fecundidad adolescente superó los 51,1 hijos por cada mil de entre 15 y 19 años de edad.

El estudio El rol del pediatra en la prevención de la fecundidad adolescente, del doctor Roberto Álvarez Fumero, especialista de ii Grado en Pediatría, y profesor auxiliar de la Sociedad Cubana para el Desarrollo de las Familias, apunta, además, que la tendencia entre 2015 y 2020 fue de un incremento sostenido en las captaciones de embarazos en adolescentes; y las provincias de Guantánamo, Camagüey, Las Tunas, Holguín y Granma son las que aportaron los mayores porcentajes en el país.

De hecho, al cierre de 2021, solo en el territorio granmense la incidencia del embarazo en la adolescencia fue de un 23,1 %, muy por encima de la media nacional, que se comportó al 18 %.

Ante esa problemática este diario conversó con especialistas, maestros, adolescentes y padres de la provincia de Granma, donde ese fenómeno impone un análisis profundo y multifactorial.

 ¿REGALO DE 15?

Tener un bebé no era, precisamente, la «sorpresa» que Carla* ansiaba para sus 15 primaveras. «La noticia nos dejó en shock a todos», recuerda su mamá, quien asegura que en ese momento el mundo casi se les vino encima. «Aquello fue terrible. Ella no paraba de llorar y su papá no quería ni hablarle. Ahora ya tiene 25 semanas de gestación y las cosas han ido cambiando»…

Si bien es cierto que el incremento del embarazo en edades cada vez más tempranas ha sido una constante en el último lustro, desde 2020 hasta la fecha, varias circunstancias se han convertido en caldo de cultivo para disparar las cifras en Granma.

El confinamiento en casa para enfrentar la pandemia (con el cual se acrecentaron las relaciones amorosas en las comunidades), unido a la inestable y baja cobertura de métodos anticonceptivos hormonales e intrauterinos, y la no existencia de preservativos en la red de farmacias, figuran entre algunas de esas causas.

«Hoy un solo preservativo importado en un grupo de compra y venta de Facebook, WhatsApp o Telegram puede costar entre 30 y 50 pesos, según sea la demanda, y un test de embarazo puede llegar hasta los cien pesos», comenta Carla*.

Al respecto, la doctora Lucía Suárez Muñoz, jefa del Programa Materno-Infantil (pami) en la Dirección Provincial de Salud Pública en Granma, explica que en realidad este no es solo un fenómeno médico, sino también social.

«A pesar de que el país no ha podido importar los preservativos y anticonceptivos en las cantidades que hoy se necesitan, la experiencia nos ha demostrado también que, como mismo hay familias muy permisivas donde se ha “normalizado” el embarazo en la adolescencia, existen otras en las que, increíblemente, estos tópicos siguen estando vedados. Y ambos casos tributan al mismo problema», agrega la doctora.

Además, alerta que aun cuando Cuba dispone de una asistencia médica que permite que no sea elevada la tasa de mortalidad infantil ni materna asociada al embarazo en la adolescencia, sí existen otros riesgos reales como la prematuridad del bebé, el bajo peso al nacer y las enfermedades cardiovasculares.

«Por lo general, los bebés de adolescentes tienden a tener una estancia más prolongada en nuestros servicios de neonatología –con el consiguiente riesgo de complicación que eso conlleva– y son más proclives a procederes invasivos como la ventilación mecánica», reflexiona la jefa del PAMI.

Más allá de las reales implicaciones de salud, tanto para la madre como para su descendencia la problemática tiene, antes y después del parto, otros matices insoslayables.

UN DESCUIDO

«No tenía previsto embarazarme tan pronto. Fue un descuido. Y aunque me siento feliz con mi bebé, ser madre soltera es bien difícil. El niño no siempre duerme bien, se enferma… y si hoy estoy en la escuela es porque mi mamá me lo cuida. Ella pidió una licencia en su trabajo para que yo pudiera continuar mis estudios», confiesa a Granma la jovencita Lisi*, de 17 años.

La suya es una historia común. De acuerdo con investigaciones del territorio, es frecuente que las abuelas maternas asuman el cuidado de los bebés de sus hijas para «no troncharles el futuro».

Sin embargo, Pedro Rodríguez Zamora, asesor de Salud Escolar en la Dirección Provincial de Educación en Granma, refiere que, a pesar de la labor que realiza la escuela con la familia, en alianza con la Federación de Mujeres Cubanas, los gobiernos locales y Salud, al reanudarse este año el curso escolar, 18 adolescentes paridas en 2021 no se reincorporaron a la vida estudiantil.

«Si lo comparamos con el total de embarazos que hubo ese año es una cifra discreta, pero nos duele cuando una sola de estas muchachas no sigue estudiando», advierte el directivo, quien añade que en lo que va de 2022 han confirmado 312 embarazos entre los 12 y 18 años, y 25 de ellos son de menores de 15 años.

Las enseñanzas preuniversitaria y técnico-profesional son las de mayor incidencia en el territorio, detalla Rodríguez Zamora, y enfatiza: «En esta etapa los adolescentes tienen entre 14 y 18 años, y no pocas familias comienzan a desentenderse del vínculo con la escuela, bajo el falso mito de que ya están creciditos».

De esa situación puede dar fe el licenciado Yanier Peláez Campos, director de la Escuela Pedagógica Rubén Bravo Álvarez, de Bayamo, centro donde hubo un número significativo de estudiantes embarazadas durante el periodo de pandemia.

«La totalidad de esos embarazos se produjeron fuera del entorno escolar, es decir, que la problemática está en la comunidad y pone de relieve las fisuras existentes en la familia.

«Por eso no basta con que en la escuela se aborden estos temas como parte del contenido académico, o que se den charlas, pues nos estamos enfrentando a una generación diferente, con acceso a internet y más vulnerable a las influencias de la sociedad. Le corresponde a la familia integrarse con la escuela en la formación de sus hijos» subraya Peláez Campos.

DEMASIADO TARDE

Todo se supo 12 semanas después. «Ya era demasiado tarde cuando me descubrieron el embarazo. Yo en realidad no me protegía porque mi novio era fijo y mis padres lo conocían», dice Patricia*, otra jovencita de 16 años entrevistada por este diario.

Ahora su bebé tiene cinco meses, y aunque asegura que no desea un nuevo embarazo, tampoco hace nada para evitarlo.

Yanelis Vila Serrano, promotora de Salud en el centro politécnico Conrado Milanés, de Bayamo –donde estudia Patricia*– afirma que, aunque la escuela presta especial ayuda a las muchachas en su situación, la mayoría de ellas suele bajar el rendimiento académico, y otras desisten de la continuidad de estudios.

«A veces ni siquiera el apoyo de la escuela y la familia es suficiente. Muchas de las adolescentes que entran embarazadas en el primer año, antes de terminar la carrera tienen un segundo y hasta un tercer bebé. En esos casos es común que llegue el momento en que te digan: “profe, no puedo, es demasiado”».

«¿Qué sería mejor, entonces? ¿Interrumpir el embarazo cuando sea posible?, se pregunta el doctor Adolfo Malcolm Suárez, especialista en II grado en Obstetricia y Ginecología, a sabiendas de que su interrogante contiene una respuesta conocida: ni el aborto, ni el parto en la adolescencia son opciones ideales.

Con ello introduce otra arista del fenómeno, que no puede ni debe obviarse: las regulaciones menstruales y las interrupciones quirúrgicas tienen riesgos latentes.

«No es un secreto que esas consultas se llenan cada semana de adolescentes dispuestas a practicarse un aborto, porque en Cuba el proceder es seguro, pero aunque no sea un número elevado, he tenido que atender a muchachas que, luego –con 20 o 25 años– sufren de una infertilidad secundaria por perforación del útero, o padecen de un cáncer cérvicouterino», acota el galeno.

La maternidad es un regalo y una responsabilidad que no deben llegar antes de tiempo. Y aunque su prevención demanda de recursos que hoy no están disponibles en su totalidad, cualquier esfuerzo es poco para no interrumpir la adolescencia con un embarazo que siempre puede evitarse.

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