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Del arte de cuidar y ser cuidado

¿Ha pensado usted quién le cuidará cuando envejezca o cuando alguna condición médica o de discapacidad le limite su vida? Hacerles esta pregunta a algunas personas que conozco me hizo escuchar respuestas similares. Hijas, esposas, hermanas, sobrinas, nietas, cuñadas, nueras… mujeres todas que, en dependencia del parentesco, asumirían con mayor o menor grado el rol de cuidadora.

Hijos, hermanos, sobrinos, nietos, yernos… no se conciben dedicándose por completo al cuidado de un familiar, ni siquiera en la mente del propio familiar. Y aunque he conocido, felizmente, algún que otro caso en el que es el hijo quien cuida a su madre y a su padre, no es frecuente encontrarlos. Ni siquiera las madres, y lo reconocen, preparan a sus hijos para asumir esa función en algún momento de sus vidas y sí a sus hijas.

Aunque parezca contradictorio, el fenómeno así descrito se percibe en Cuba, un país que siempre ha ponderado programas y políticas que benefician determinados sectores de la población, referentes en la región y en algunos casos, a nivel internacional. Un país que, justo ahora, promueve la puesta en vigor de nuevas legislaciones, como es el caso del Código de las Familias, en mayor beneficio para todas y todos. Una nación que, como ya se ha alertado desde hace un tiempo, debe trazarse estrategias efectivas en torno a los cuidados, pues envejece con celeridad y no parece avizorarse, siquiera a mediano plazo, un remplazo poblacional considerable.

¿Asumimos los cubanos que los cuidados son un derecho y a su vez un deber? ¿Comprendemos que hoy cuidamos a alguien y mañana nosotros necesitaremos ser cuidados? ¿Somos conscientes de la urgencia de prestarle atención al cuidador o cuidadora en virtud de sus necesidades? ¿Existe la voluntad política para incrementar las instituciones y los apoyos gubernamentales en aras de lograr una más efectiva alianza en pos de los cuidados? ¿Posee Cuba las condiciones para crear un Sistema Nacional de Cuidados?

 

En Cuba la esperanza de vida es elevada y todos tenemos derecho a disfrutar plenamente la vejez, pero cuando necesitamos cuidados… ¿quiénes lo harán? Foto: David Gómez Ávila

Yo te cuido, tú me cuidas, todos nos cuidamos

El proceso de actualización del modelo económico y social que, a partir de la aprobación e implementación de los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución se ha desarrollado en el país, ha permitido reorientar el modelo social cubano y sus espacios socioeconómicos, tipos de propiedad, planificación, formas de gestión, mecanismos de administración, condiciones de trabajo y relaciones sociales que se establecen en su interior, así como lo relacionado con los cuidados, asumiéndolos como un campo de actuación prioritario en la promoción de un modelo de desarrollo más justo y equitativo.

No es posible proyectar el desarrollo humano sostenible sin tener en cuenta el cuidado de la vida y para ello contar con el aporte de las ciencias es de vital importancia para llevar el cuidado corresponsable al plano de las políticas públicas.

Para encauzar una agenda de investigación y articulación de investigadores que logre un mejor aprovechamiento del saber acumulado y consolide las alianzas entre la academia cubana y quienes diseñan, implementan y monitorean las políticas en el país, la Doctora en Ciencias Magela Romero Almodóvar, profesora de Sociología de la Universidad de La Habana, presentó como iniciativa la creación de la Red Cubana de Estudios sobre Cuidados en febrero de 2020.

«A partir de ese entonces, un grupo de especialistas del país comenzaron a juntar sus esfuerzos para impulsar acciones que, sustentadas en los principios de articulación y participación, permitieran impulsar diversas iniciativas destinadas al desarrollo de investigaciones y a su publicación.

«Con la Red pretendemos favorecer la articulación y colaboración entre instituciones, organizaciones y actores sociales de Cuba que contribuyan al fortalecimiento de las políticas sociales relacionadas con la organización social de los cuidados y el fomento de buenas prácticas en esta área de actuación

«Lo más importante resulta, para nosotros, poner los resultados de las investigaciones al servicio del diseño y fortalecimiento de las políticas en el país, y que todas las entidades y personas implicadas contribuyan a ello», apuntó.

Igualmente, Romero Almodóvar señaló que durante las sesiones del 3er. taller, realizado en marzo pasado, se analizó cómo desde la Red se podía aportar al proyecto y contribuir así a la construcción, desde la ciencia, de las bases del futuro Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida en Cuba, uno de los objetivos del proyecto gubernamental Trabajo no remunerado, que coordina el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, dentro del macroprograma de desarrollo humano, equidad social y justicia.

«El objetivo general del proyecto Trabajo no remunerado es contribuir a la distribución equitativa del trabajo no remunerado dentro de las familias y en la sociedad. Debemos instar a reconocer el valor económico y social del trabajo no remunerado; ampliar servicios, bienes e infraestructura de apoyo a este; fomentar la corresponsabilidad social de los actores en ese trabajo y fortalecer el bienestar y la protección jurídica de las personas que se dedican a ello».

Como parte de este proyecto se propone crear las bases para un Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida; realizar un estudio nacional sobre trabajo no remunerado; apuntalar la creación y articulación de iniciativas que apoyen a personas trabajadoras no remuneradas; restablecer servicios; crear fondos para incentivos a empresas e instituciones que apoyen acciones de corresponsabilidad en el cuidado; ampliar el alcance de las medidas de protección a personas que se dedican al trabajo no remunerado y extender las escuelas para cuidadoras y cuidadores, entre otras acciones.

—¿Cuba tiene condiciones para asumir la configuración de un Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida?

—Posee condiciones extraordinarias, teniendo en cuenta los programas y políticas de Asistencia Social existentes que tributan al bienestar de determinados grupos de la población como las infancias, las personas con discapacidad o los adultos mayores.

«Sin embargo, y aunque constituyen logros de trascendental importancia histórica y social, la existencia de esos programas y políticas no garantizan la existencia del Sistema. Además, la mayoría aún carece del enfoque de género y de familia adecuado en su concepción. Por tal razón, desde su diseño, sitúan a las mujeres en el núcleo rector de los cuidados.

«El Sistema propone situar el cuidado en el centro, y que se articulen los recursos y esfuerzos alrededor para potenciar el bienestar de cada persona. Para ello es vital entender el cuidado como un derecho universal y un deber ciudadano y social, en una apuesta por la responsabilidad familiar. Es preciso, entonces,  revertir la división sexual del trabajo en el nuevo enfoque que se requiere. Uno de los principales desafíos es justamente desde la arista cultural porque sigue siendo la sociedad cubana una sociedad machista en ese sentido».

Recuerda Romero Almodóvar que Cuba como nación ha suscrito y ratificado los convenios internacionales de mayor relevancia en relación con la igualdad de género y los cuidados. «Este marco internacional, al que responde Cuba, converge con una Agenda Regional de Género en la que se ratifica el compromiso del Gobierno cubano y del resto de los gobiernos de Latinoamérica, con el logro de la igualdad y los derechos de las mujeres. Debemos ser coherentes con ello».

No obstante, reconoce que desafíos existen muchos. «El propio diseño del Sistema es un gran desafío porque aunque existen experiencias regionales, cada país tiene sus especificidades y debe hilvanar sus recursos y condiciones para crear ese sistema».

—¿En la actualidad, estamos más cerca o más lejos de lograr la concepción de ese Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida?

—Queda mucho por hacer aún pero hoy parece más cercano el día en el que Cuba pueda poseer un Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida basado en los principios de equidad y corresponsabilidad.

«Existe la voluntad política para promover la equidad social y de género, y ello ya es una garantía excepcional, pero además existen proyectos y especialistas en centros de investigación y universidades con intereses de apoyar, pues ya es harto sabido que el envejecimiento de la población cubana es un factor que, en ascenso, marca prioridades en este sentido. Debemos partir de reconocer el cuidado como un trabajo de alto valor social y económico, reorganizar el sistema de cuidados y redistribuir el cuidado al interior de las familias».

—Hasta el momento se han celebrado tres talleres de estudios sobre el cuidado a nivel nacional. ¿Cuáles han sido las conclusiones fundamentales a las que se han arribado?

—Han sido momentos propicios para el diálogo y el intercambio entre especialistas de diferentes zonas del país y sentó las bases para la consolidación de la Red Nacional de Estudios sobre el Cuidado. Se sugiere revisar de manera exhaustiva las políticas de cuidado desde un enfoque de género y de familia, para identificar los vacíos que se sustentan y tributan a la reproducción de la división sexual del trabajo y reflexionar en torno a la creación de nuevas estrategias para potenciar los procesos de desfamiliarización y desfeminización del cuidado.

«Es importante también analizar la organización social de los cuidados en aras de alcanzar una mejor orientación de la política social con vistas a establecer la corresponsabilidad respecto al cuidado de la vida como aspecto central del modelo de desarrollo nacional, así como establecer una mayor articulación entre el Estado, la familia, el mercado y la comunidad para el despliegue de experiencias multiactorales e intersectoriales que garanticen el aprovechamiento máximo de recursos y experiencias acumuladas y la atención integral de las personas cuidado-dependientes.

«Nos interesa además estudiar las desigualdades estructurales que rigen la provisión y recepción (o la ausencia) de cuidados en el país para lograr un mayor balance en el diseño de estrategias para grupos cuidado-dependientes, que no entran en la categoría de adultos mayores».

Romero Almodóvar insiste en que, como resultado de los análisis y debates propiciados en los tres talleres, es esencial la creación de mecanismos para incentivar la formalización del servicio de cuidado que un grupo considerable de mujeres brindan hoy en el mercado informal, con el objetivo de que puedan disfrutar de los derechos y prestaciones de la Seguridad Social.

«Resulta primordial definir en el Plan de la Economía y en el Presupuesto del Estado los recursos necesarios para enfrentar la elevada demanda de cuidados, así como aumentar el número de instituciones estatales para el cuidado de las personas dependientes, ofreciendo un servicio de calidad y acorde con el salario medio de la población.

«Para ello es importante analizar qué parte se destina a los programas y políticas de bienestar para los cuidado-dependientes en el país, y eso será un dato importante para indicar en qué medida podremos contar con el presupuesto necesario para poner en marcha estas proyecciones estratégicas y el conjunto de medidas que se diseñan como parte del trabajo de la Subcomisión Diseño de Cuidados, la cual forma parte de las iniciativas que encierra la Comisión gubernamental para la atención a la dinámica demográfica.

«Nos interesa también implementar estrategias para la sensibilización en género de los hombres y garantizar su mayor inserción y responsabilidad con este tipo de tareas, y a la vez, promover una política de mayor protección a las personas cuidadoras, remuneradas o no, que se dedican al trabajo doméstico en el país, y a las que se les debe favorecer su participación social y el disfrute de sus derechos y garantías».

 

Los talleres de estudios sobre cuidados propiciaron el diálogo entre especialistas de diferentes zonas del país y las instituciones involucradas en el mejor hacer. Foto: Cortesía de la entrevistada

En el Código de las Familias

El Doctor en Ciencias Leonardo Pérez Gallardo, presidente de la Sociedad Cubana de Derecho Civil y de Familia, ha afirmado que el envejecimiento de nuestra población y el hecho de que la Mayor de las Antillas se convierta, presumiblemente, en la nación más envejecida del continente, le impone retos al Derecho.

«Debemos buscar mecanismos y herramientas que propicien la protección de las personas que requieren cuidados y sus cuidadores. El nuevo Código de las Familias regula derechos y deberes de los cuidadores, en su mayoría mujeres. Le permite al cuidador reclamar a otros familiares, como por ejemplo hermanos, la cooperación para el cuidado del familiar en cuestión, ya sea desde el punto de vista financiero o en la labor propiamente dicha.

«Es necesario regular esos derechos y deberes no solo en el área del Derecho Familiar sino también, y el nuevo Código lo hace, en lo referido al Derecho de Sucesiones, en tanto favorece la participación en el caudal hereditario de aquella persona que ha asumido el cuidado de la persona determinada».

Explica Pérez Gallardo que si uno de los herederos en rol de parentesco cercano ha asumido la labor íntegra del necesitado, y  no existe testamento, este tiene derecho a recibir el doble de los beneficios en relación con los otros beneficiados, en tanto el nuevo Código de las Familias pretende visualizar la labor de los cuidadores y potenciar sus derechos hereditarios.

«Si se tratara de otro pariente en rol más lejano de consanguineidad, puede concurrir junto a los más cercanos en igualdad de derechos, y con la posibilidad de recibir una doble participación de los bienes. No obstante, todo depende de la persona cuidada y su voluntad de testar, incluso, a favor de un tercero. El legislador solo está capacitado para corregir las asimetrías».

Además, revela que las alternativas y oportunidades se multiplican en el ámbito familiar con este proyecto, teniendo en cuenta la existencia del llamado Contrato de alimento, a través del cual las personas pueden financiar su propio cuidado, proveyendo de determinados beneficios (una vivienda, un vehículo o cualquier otro bien de apreciado valor) a quien le asiste en el cuidado. Es una alternativa, aclara, que no exonera al Estado de su deber.

Por su parte, Romero Almodóvar subraya uno de los principios más importantes a tener en cuenta: «Todas y todos somos objeto de cuidados en nuestras vidas, al tiempo que debemos tener como principio ético y valor asumido, la responsabilidad que ostentamos con el cuidado de la vida de los otros y las otras, sean o no seres cercanos.

«En la medida en que seamos capaces de comprender la centralidad de cuidar la vida y de ponerla en el centro del modelo económico, político y social, avanzaremos hacia el desarrollo humano sostenible».

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Aylen Guerra
Lic. Ciencias de la Información

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