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Los mejores horarios para que los pacientes hipertensos realicen ejercicio físico

La adecuación del horario de entrenamiento al tipo de medicamento antihipertensivo que toma cada paciente puede potenciar los efectos de esa actividad sobre la disminución de la presión arterial

 Investigadores de la Escuela de Educación Física y Deportes de la Universidad de São Paulo (EEFE-USP), en Brasil, compararon el efecto de dos tipos de medicamentos antihipertensivos bastante recetados sobre un fenómeno conocido como hipotensión luego del ejercicio, la caída esperable y beneficiosa de la presión arterial inducida por la práctica de ejercicios físicos, fundamentalmente cuando se la realiza al final del día.

Según los autores, los resultados de este estudio podrán ayudar a los profesionales de salud a adecuar el horario de los entrenamientos de los pacientes hipertensos al tipo de fármaco prescrito en el tratamiento para potenciar los beneficios en lo concerniente al control de la enfermedad.

Esta estrategia puede ser ventajosa fundamentalmente en casos de pacientes que responden mal al tratamiento farmacológico de la hipertensión arterial. “Las personas que padecen la llamada hipertensión resistente –que toman tres o más tipos de fármacos, lo que incluye preferentemente un diurético, o cuatro o más tipos de fármacos sin lograr el control adecuado– se beneficiarían con un ajuste en el horario de ejercitarse, lo cual deberá confirmarse en estudios futuros”, afirma Leandro Campos de Brito, educador físico y posdoctorando con beca de la FAPESP  – Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo en el Laboratorio de Hemodinámica de la Actividad Motora de la EEFE-USP, bajo la supervisión de la profesora Cláudia Lúcia de Moraes Forjaz.

En este trabajo, realizado con el apoyo de la FAPESP, los investigadores compararon el efecto de los bloqueadores de receptores de la angiotensina II (RAs) y de los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (iECA), en sesiones de ejercicios realizadas por la mañana y a la noche.

En el grupo que tomaba medicamentos del tipo BRA, la baja promedio fue de 11 milímetros de mercurio (mmHg) a la noche y 6mmHg por la mañana. En tanto, en el de los iECA, la caída promedio fue de 6mmHg y 8mmHg, respectivamente. Es decir, una diferencia de casi un 50% en los valores vespertinos, mientras que en los matutinos hubo disminución similar en ambos grupos. Los datos salieron publicados en el periódico científico Clinical and Experimental Hypertension.

“Nuestra hipótesis indicaba que los iECA atenuarían la magnitud de la hipotensión después de ejercitarse, fundamentalmente a la noche. Y en efecto, observamos que los iECA, aunque no así los BRAs, atenuaron el efecto hipotensor de los ejercicios esperable por las noches”, comenta Campos de Brito.

Para arribar a esta conclusión, se sometió a 29 hombres hipertensos que tomaban desde hacía al menos cuatro meses tan solo uno de los tipos de medicamentos a dos pruebas de esfuerzo máximo: en este caso, al uso de bicicleta ergométrica con incrementos de 15 vatios por minuto hasta el agotamiento. Las sesiones, realizadas por la mañana, entre las 7:00 y las 9:00, y a la noche, entre las 20:00 y las 22:00, se concretaron durante dos días distintos (con un intervalo de 3 a 7 días entre cada uno) y el orden fue aleatorizado. Asimismo, los evaluadores no sabían qué medicamento estaba tomando cada voluntario. Los investigadores midieron la presión arterial antes y 30 minutos después de los ejercicios.

Las diferencias entre BRA e iECA

Los dos medicamentos estudiados, BRA y iECA, actúan sobre la misma vía de la hipertensión, regulando a la angiotensina II, una hormona con acción vasoconstrictora, es decir, que contrae los vasos sanguíneos y, por tal motivo, induce un aumento de la presión arterial. Pero lo hacen mediante distintos mecanismos. “Suelo decir que son dos avenidas que corren paralelas”, explica Campos de Brito.

Mientras que el BRA bloquea al receptor de la hormona en los vasos, el iECA actúa inhibiendo a la enzima encargada de convertir la angiotensina I en angiotensina II. “Uno permite el comportamiento natural de 24 horas de la angiotensina II, pero bloquea su acción, mientras que el otro inhibe ese comportamiento”, resume Campos de Brito. “Asimismo, al inhibir la acción de esa enzima, el iECA favorece crónicamente otro camino, que genera bradicinina y angiotensina I-VII, dos sustancias vasodilatadoras.

Con la vasodilatación ya facilitada por el medicamento, podría disminuir el efecto vasodilatador del ejercicio aeróbico, el principal mecanismo causante de la disminución de la presión arterial cuando se realiza el entrenamiento por la noche”, explica.

Precisamente por eso, se esperaba que este tipo atenuase la hipotensión luego del ejercicio, fundamentalmente al final del día. El mecanismo para justificar esta diferencia no se evaluó en la investigación.

La influencia del horario

Este trabajo constituye una parte de la investigación principal del doctorado de Campos de Brito, en la cual evaluó el efecto de 10 semanas de entrenamiento aeróbico en distintos horarios y arribó a la conclusión de que, por las noches, los resultados eran mejores. “En este estudio, comparamos a hipertensos medicados que hacían ejercicios por la mañana y a los medicados que los practicaban durante el período nocturno”, comenta.

Se trata de un campo que ha concitado la atención de la ciencia, pues las variaciones son significativas a medida que avanzan las agujas del reloj. “Nuestro organismo se guía por el ciclo circadiano, y con la presión arterial no es distinto. Los mecanismos que la hacen disminuir se encuentran más activos por las noches, como preparación para el reposo, mientras que los que la elevan actúan más a la mañana, cuando nos despertamos”, explica el investigador.

“Es decir, nuestra teoría indica que la noche constituye una ventana de oportunidades para lograr disminuciones más significativas”, destaca Campos de Brito.

Los efectos pueden ser duraderos

Todas las personas que realizan actividades físicas aeróbicas pueden experimentar algún nivel de hipotensión luego de los ejercicios, pero en los hipertensos esa declinación es mucho más significativa. “El promedio va 8 a 10mmHg de disminución en la presión sistólica y de 4 a 6mmHg en la presión diastólica, sin la presencia de síntomas negativos tales como mareos, náuseas y vértigo”, señala Campos de Brito.

Una sesión de ejercicios ya es suficiente para obtener algún nivel de protección cardiovascular, pues estudios ya han demostrado que la disminución puede durar todo el día. “Es más, algunos grupos de investigación entienden que cada sesión de ejercicios funciona como un ladrillo de revestimiento en una pared, que genera un efecto beneficioso y crónico del entrenamiento”, añade el investigador. En el año 2018, Campos de Brito y otros investigadores publicaron en el Journal of the American Society of Hypertension una revisión favorable a esta hipótesis.

Aplicación práctica

Una de las ventajas de este trabajo reside en el hecho de que los participantes ya tomaban los medicamentos desde hacía bastante tiempo, lo que le permitió al grupo realizar un análisis en el contexto clínico usual de los pacientes. “Otras investigaciones en esta línea se concretaron en el modelo de lavado o washout, cuando los pacientes permanecen un tiempo sin el medicamento”, dice Campos de Brito.

Otro punto positivo indica que cuando se llevó a cabo la prueba, el científico que efectuó las mediciones de presión no sabía qué medicamento estaba tomando cada voluntario. Esto ayuda dotar de credibilidad al hallazgo y favorece su traspaso de la teoría a la práctica.

Referencia
Puede leerse el artículo titulado Effects of ACEi and ARB on post-exercise hypotension induced by exercises conducted at different times of day in hypertensive men, de Leandro Campos de Brito, Luan Azevêdo, Tiago Peçanha, Rafael Yokoyama Fecchio, Rafael Andrade Rezende, Giovânio Vieira da Silva, Andrea Pio-Abreu, Décio Mion, John R. Halliwill y Claudia L. M. Forjaz en el siguiente enlace: www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/10641963.2020.1783546.

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Lic. Karen Magda Peña Rodríguez
Editora Principal | Licenciada en Bibliotecología e Información Científica.

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