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Ejercicio físico: un posible aliado en la prevención de complicaciones en personas susceptibles de contraer COVID-19

El ejercicio físico regular es beneficioso para el cuerpo y la mente. Puede reducir la hipertensión, ayudar a controlar el peso y disminuir el riesgo de enfermedades del corazón, accidentes cerebrovasculares, diabetes de tipo 2 y distintas formas de cáncer, enfermedades todas ellas que pueden aumentar la vulnerabilidad a la COVID-19.

El ejercicio también fortalece los huesos y músculos y aumenta el equilibrio, la flexibilidad y la forma física. En las personas mayores, las actividades que mejoran el equilibrio ayudan a prevenir caídas y traumatismos.

El ejercicio terapéutico fisioterápico, en combinación con intervenciones de carácter respiratorio, ha demostrado ser efectivo en enfermedad pulmonar obstructiva crónica, fibrosis quística, asma bronquial o en pacientes posquirúrgicos, por lo que puede resultar interesante evaluar su eficacia como herramienta en la prevención de complicaciones graves secundarias a la COVID-19. No obstante, mientras que en cuadros de neumonía adquirida ya instaurada no se han constatado beneficios significativos, en pacientes que han recibido tratamiento fisioterápico antes de producirse esta complicación sí se han evidenciado efectos positivos en determinadas medidas de resultado. Estos tratamientos se centran en ejercicio físico y técnicas respiratorias que, combinándose con un programa de tratamiento farmacológico en neumonía, exhiben una mayor eficacia frente a la ausencia de fisioterapia.

Por ello, resulta fundamental la evaluación de las variables del entrenamiento y el conocimiento de la fisiología de la actividad física, determinantes atendiendo a la neumonía secundaria al coronavirus. Uno de los elementos principalmente afectados por el virus es el aparato respiratorio, debido a la aparición de insuficiencia respiratoria en pacientes severos

 En este sentido, el ejercicio aeróbico podría tener una gran implicación, pues aplicado a intensidades medias/altas produce adaptaciones en la ventilación y perfusión pulmonares, así como en la cantidad de volumen de aire por respiración. Además, a través del ejercicio de alta intensidad se incrementa el consumo máximo de oxígeno, traduciéndose en una mayor rentabilidad en el intercambio gaseoso, aspectos que pueden resultar fundamentales en futuros cuadros clínicos de instauración de COVID-19

En este artículo titulado: Ejercicio físico: un posible aliado en la prevención de complicaciones en personas susceptibles de contraer COVID-19 , publicado en la revista Fisioterapia Volumen 42, Número 5 los autores concluyen que tras evaluar los diferentes efectos y beneficios del ejercicio, podría resultar interesante la elaboración de un programa de entrenamiento de carácter preventivo en individuos que formen o no parte de un grupo de riesgo, con objeto de reforzar los principales sistemas implicados en un plausible escenario de contagio. No obstante, se requieren futuros trabajos experimentales que constaten científica y estadísticamente estas hipótesis, para su posterior implementación en la población susceptible de contraer la enfermedad.

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Lic. Karen Magda Peña Rodríguez
Editora Principal | Licenciada en Bibliotecología e Información Científica.

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